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Julio Hang: “Debemos recuperar un rol activo en las Fuerzas de Paz”

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¿Qué desafíos presenta la situación actual para las Fuerzas Armadas argentinas? A partir de ese interrogante, Editorial Taeda convocó a distintos especialistas en materia de defensa para que aporten su visión acerca de las principales problemáticas sobre el tema. Aquí, un anticipo de la entrevista al excomandante del III Cuerpo de Ejército, exjefe de la Casa Militar de la Presidencia de la Nación y agregado militar en los EE. UU., Julio Alberto Hang.

–¿Concidera que el ciclo del “orden basado en reglas” y la democracia liberal se están acabando, dando paso a regímenes nacionalistas iliberales?
–El surgimiento de gobiernos y partidos del nacionalismo populista o neoconservaduristas ha contribuido al freno de la globalización, ha debilitado las instituciones internacionales y ha agudizado las posibilidades de conflictos violentos interestatales. Como contrapartida, también han surgido posiciones ultraliberales que, si bien son minoritarias, buscan el sustento en la “democracia directa” y el debilitamiento de la soberanía estatal. Ambos casos alertan sobre la crisis política y la reacción contra los sistemas tradicionales de representación política, y crean inestabilidad.

–¿Cree que el cambio de orden puede darse pacíficamente o coincide con Graham Allison que afirma que las transiciones de orden sin conflicto armado son muy excepcionales en la historia?
–Creo que la tremenda letalidad de los sistemas de armas más modernos, el alcance de las armas estratégicas y el altísimo costo de una guerra entre naciones son disuasivos muy altos, aunque no totales, de un posible conflicto armado. En este escenario, veo crecer una tendencia a la bipolaridad compleja y a las posibilidades de nuevas proxy wars, al estilo de la pasada Guerra Fría.

–¿Podemos seguir esperando un escenario de paz regional o se reproducirían en el continente los clivajes que se esbozan en el nivel internacional?
–Si bien durante las dos Grandes Guerras, la región tuvo consecuencias directas limitadas, en la Guerra Fría no pudo sustraerse al conflicto violento y fue campo de combate de guerras internas de gravísimas consecuencias. Las características del mundo de hoy son muy diferentes, y es posible que la velocidad de transformación del escenario internacional haga que nuestras apreciaciones queden desactualizadas en poco tiempo. La situación regional de fuerte entramado de acuerdos y tratados subregionales y bilaterales crea un fuerte efecto disuasivo a los conflictos interestatales aquí. Cierta solidez que se observa en el Grupo Lima frente al conflicto en Venezuela da esperanzas de un futuro de mayor integración defensiva. Sin embargo, un nuevo orden mundial marcadamente bipolar, que cuenta en la región con gobiernos políticamente afines a regímenes extracontinentales, puede recrear condiciones de inestabilidad y divergencias hoy no previsibles.

–¿Cómo cree que el orden emergente impactará sobre la región americana, históricamente bajo el paraguas de EE. UU., pero cada vez más dependiente de China en términos comerciales?
–Existen fuertes diferencias entre lo que se llama “dependencia comercial” o lo que puede ser caratulado como “dependencia tecnológica, nuclear, de infraestructura crítica y/o militar”. No creo que las relaciones comerciales de cualquier estado de la región con China sean una fuente de conflicto. Pero las posibilidades de un conflicto en nuestra región aumentan si la tecnología cibernética y de comunicaciones (5G, por ejemplo), la producción, el control y la regulación de la energía nuclear o el control de la infraestructura energética, y principalmente, la provisión de la tecnología de los sistemas de armas o el control de desarrollos de vectores misilísticos o espaciales son dominadas por potencias no occidentales. No menciono las ya conocidas acciones de ataque cibernético que reciben organizaciones estatales y empresas privadas de la región en forma frecuente, cuya atribución es de gran dificultad, pero que pueden incentivar divergencias.

–¿Cuál cree que será el papel de Europa en el orden futuro? ¿Está asegurada la supervivencia de la Alianza Atlántica o podrían surgir nuevos alineamientos?
–Europa está sufriendo un reacomodamiento. La unidad de la Unión Europea (UE) está lesionada, y su rol de segunda potencia occidental carece de la fuerza de un pasado más o menos reciente. La posibilidad de creación de una Fuerza Armada Europea dependerá de que se obtenga un consenso, hoy difícil, y de que el mecanismo de decisión de su empleo la convierta en un instrumento de valor. No se aprecia que esto signifique un alejamiento o debilitamiento de la OTAN. En cuanto a esta Alianza Atlántica, pese a los problemas económicos que han perturbado el mantenimiento de un nivel de modernización de sistemas de armas acorde al desarrollo de EE. UU., Rusia y China, su existencia sigue siendo de interés de todos los actores atlánticos. Frente a la posibilidad de extensión de los acuerdos de seguridad o alianzas en Asia, la OTAN es el elemento de balance imprescindible.

–¿Argentina debería estar en la OTAN?
–La Argentina ya tuvo una participación en la OTAN, no como mienbro, sino a través de un elemento de enlace que fue altamente positiva para las relaciones internacionales y para la adquisición de conocimientos profesionales. Creo que volver a contar con un nexo activo dentro de la OTAN cumpliría con la recuperación de esos objetivos.

–¿Cómo se reconfiguraría el escenario estratégico sudamericano en función de la creciente centralidad de la región Asia-Pacífico?
–China es la potencia asiática que mayores intereses tiene en Sudamérica. Pekín busca expandirse para asegurar sus vías de comunicación y comercio, pero también está creciendo sin prisa, pero sin pausa en el ámbito estratégico militar. Al dar seguridad a sus vías comerciales, puede crear opiniones divergentes. En ese sentido, dos portaaviones botados, uno en fase terminal y un cuarto esperando su construcción, muestran su estrategia de expansión futura. Vale destacar que la antena de observación del espacio exterior ubicada en nuestro país es un instrumento pasivo que puede ser blanco en un conflicto entre terceros, pero no nos involucra activamente. Ahora bien, tras el resonante fracaso de Unasur y su Consejo de Defensa, el futuro de Prosur debe seguirse con detenimiento. Es necesario alcanzar un nivel de integración en temas de seguridad internacional que fortalezca la situación del conjunto. De la resolución de las disputas entre las potencias, surgirá la probabilidad de un mayor o menor riesgo para Sudamérica. En el mediano plazo, creo que hay otras regiones atrayendo la participación de la potencias y la posibilidad de involucramiento sudamericano es escasa.

–¿Qué lugar pueden tener los recursos naturales en una renovada competencia geopolítica?
–En un mundo con un crecimiento poblacional estimado para el 2050 en alrededor de 2.000 millones de personas más que hoy, la importancia estratégica de ciertos recursos naturales crecerá significativamente. La seguridad nacional tiene como elementos particulares la seguridad alimentaria, la seguridad energética o la seguridad ambiental, entre otros. Hemos visto el desarrollo de estrategias particulares para satisfacer necesidades crecientes en países asiáticos. Debemos prepararnos para recibir una presión mayor por el control de nuestros recursos. Aunque, desde el punto de vista del valor de mercado, pueda alentarnos a una mejor situación de los términos de intercambio, la carencia de una capacidad disuasiva razonable debilitaría nuestra capacidad negociadora y podría implicar la pérdida del control de la producción y/o del comercio de nuestros recursos. La integración de sistemas de defensa regionales podría fortalecer la posición de conjunto en la defensa de nuestros recursos naturales estratégicos.

–¿Cómo incidirán en el plano estratégico los intereses de potencias rivales en nuestro territorio?
–Intereses relacionados con la satisfacción de necesidades esenciales para la subsistencia (alimentos, pesca), para la producción de energía (gas, petróleo), recursos estratégicos (como el litio o tierras raras) y, en menor medida, para el control de vías marítimas, de comunicación o contrapuestos a nuestros intereses en la Antártida pueden provocar presiones, coacción, o condicionamientos a nuestra libertad de acción. Pensando en una estrategia de seguridad, en un conflicto entre potencias, como el que vivimos durante la Guerra Fría, podremos ser objeto de operaciones cibernéticas que afecten nuestra infraestructura crítica y las capacidades de nuestras FF. AA., quizás otras para la ocupación de puntos llave del territorio, de intromisión de grupos irregulares o incentivando la agitación política violenta en busca de la adhesión a uno de los estados o grupos en conflicto. No debe descartarse, en un extremo, la posibilidad de acciones violentas a través de terceros estados alineados en el conflicto. Debe recalcarse que, frente a un conflicto entre potencias rivales, nuestro mayor recurso defensivo será el reconocimiento de la capacidad independiente de generar un daño severo a quien nos agreda, para restar así rentabilidad a la opción violenta.

–¿Puede la Argentina jugar un papel dentro del sistema internacional a través de la participación de sus Fuerzas Armadas en alianzas internacionales? ¿Debería hacerlo dentro del sistema ONU o en alianzas ad hoc?
–En principio, como miembros de la ONU, debemos ser capaces de recuperar nuestro rol activo en la provisión de Fuerzas de Paz para prevenir o limitar los conflictos en el mundo. En nuestro continente, también la OEA puede requerir de nuestra participación frente a situaciones de conflicto o a una grave situación de agresión a los derechos huamnos. Y en estos casos debemos tener una participación proporcional a nuestra dimensión general. Hemos participado de alianzas internacionales ad hoc, tal el caso de la primera Guerra del Golfo (1990-1991). En nuestra región, Brasil, Uruguay y, en los últimos años, Chile han tomado un rol protagónico en las intervenciones en el marco de la ONU, y nuestro país ha quedado relegado. Argentina era el único país calificado como “Aliado Principal Extra-OTAN” por EE. UU. Hoy Brasil comparte esa categoría. Esta situación hace pensar en la posibilidad de formar parte de una alianza ad hoc, cuando los valores e intereses que se defienden sean compartidos. Debemos estar en condiciones de ser considerados aliados de valor y recibir así la reciprocidad en la necesidad.

–En síntesis, ¿cómo cree que esta transformación en ciernes del orden internacional impactará sobre la defensa argentina?
–Un futuro con mayores probabilidades de conflicto con Estados más nacionalistas, proteccionistas y menos inclinados a la solidaridad internacional y con grandes dudas sobre el compromiso real de las alianzas defensivas permanentes, nos plantean la exigencia de acrecentar nuestra capacidad defensiva soberana.

Fuente: Infobae.com

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